Sigue y se incrementa la crisis del COVID-19. Últimas ideas y propuestas fiscales

Ante la situación actual, que ha vuelto a empeorar los pronósticos sanitarios y socio-económicos, creo que es el momento de tomar en consideración los remedios que se vienen proponiendo e iniciar su puesta en práctica, de manera que no estaría de más empezar ya los procesos de aprobación, sobre todo en España, donde está pendiente desde hace tiempo iniciar de una vez una reforma en profundidad del sistema fiscal: reformando y ordenando a fondo el actual sistema tributario español, limpiando las bases imponibles de los beneficios fiscales acumulados que hayan perdido su justificación, aumentando la fiscalidad medio-ambiental y algunos tipos de los tributos principales IRPF, IS e IVA, y regulando el laberinto de las competencias y normativas de los tributos estatales, autonómicos y locales.

Antes que nada

Entre las ideas publicadas, conviene destacar las expresadas en Estados Unidos por el Presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quienes con buen criterio han advertido que: «El camino a seguir dependerá de controlar el virus y de las acciones políticas que se tomen en todos los niveles de gobierno», es decir, que mientras no se controle el virus, poco puede hacerse para normalizar la situación.

Esa máxima parece ser, asimismo, la que recoge la idea del Gobierno de no incluir en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el ejercicio 2021, grandes reformas fiscales, sino simples ajustes en algunos tributos para recaudar algo más.

Por otro lado, resaltar que para intentar paliar en todo o en parte, los efectos socio-económicos de la COVID-19, se están realizando estudios, análisis, informes o documentos de todo tipo de personas y entidades, tanto públicas, como privadas, respecto a lo que debiera de hacerse en el ámbito fiscal para resolver la crisis que afecta a todas las personas y sectores sociales y económicos.

Ideas y propuestas

En el sentido anterior, las últimos que han aparecido son las efectuadas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que ya comenté y puede consultarse en este blog, la de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), otra de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) y más recientemente, el resultado de una encuesta de opinión efectuada para el Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) y algunos comentarios de altos directivos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En todos ellos, se considera que hay que reformar y ordenar a fondo el actual sistema tributario español, limpiar las bases imponibles de los beneficios fiscales acumulados que hayan perdido su justificación, aumentar la fiscalidad medio-ambiental y algunos tipos de los tributos principales —Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), Impuesto sobre Sociedades (IS) e Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)— y regular el laberinto de las competencias y normativas de los tributos estatales, autonómicos y locales, con el fin de aumentar las recaudaciones y buscar gravar, de acuerdo con los principios constitucionales del artículo 31 de la Constitución.

En concreto, la OCDE ha publicado el 3 de septiembre de este año, un informe relativo a la fiscalidad en tiempos tan problemáticos como los actuales, volcados en la lucha contra la expansión del virus COVID-19, titulado Tax Policy Reforms 2020, en el que, entre otras ideas, propugna que se establezcan nuevos tributos verdes y se incrementen los gravámenes al patrimonio y a las ganancias del capital, como remedios fiscales en estos momentos de crisis económica derivada de la COVID-19.

Hay que resaltar que la OCDE es una organización internacional formada por los países más desarrollados del mundo occidental, por lo que no cabe dudar, en sus informes y en toda clase de análisis, de su enfoque económico liberal. En este informe recomienda mantener los apoyos financieros para evitar problemas de liquidez y de estancamiento que pasen de ser de coyunturales a fijos. También, se propugna que se efectúen cambios definitivos en los sistemas tributarios de los países de la OCDE, con la finalidad de que, tras la crisis desatada por la pandemia del coronavirus, estos puedan recuperarse económicamente y enfocar el futuro mejor preparados para evitar situaciones como la actual.

El establecimiento de nuevos tributos medio-ambientales se basa en este informe en la constatación de la escasa importancia recaudatoria que tienen actualmente, según los datos relativos al año 2018 de dicha Organización, ya que apenas suponen un 1,5% del producto interior bruto (PIB) de sus países miembros.

Por su parte FEDEA, fundación cercana al Partido Popular, propone las siguientes soluciones para mejorar el sistema tributario español, en primer lugar en el IRPF, suprimir el sistema de tributación por módulos; en el IVA, consideran que debiera de eliminarse el sistema simplificado y revisar los bienes y servicios incluidos en los tipos reducidos; en el IS, modificar los incentivos fiscales, no incluir tipos mínimos de tributación, mejorar la integración con el IRPF y en cuanto a las multinacionales buscar acuerdos en los marcos de la OCDE y la UE.

En otros impuestos de menor potencial recaudatorio se propone, en cuanto al IP, efectuar su gravamen conjuntamente con el IRPF y evitar que sea confiscatorio; sobre la fiscalidad medio-ambiental, ordenar su actual dispersión territorial y buscar figuras con base realmente ecológica; en el ISD, actualizarlo y revisar la participación autonómica; se plantea la necesidad de la reforma autonómica y local y la coordinación entre ambas; y respecto a la baja recaudación, la reforma de la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, concluyéndose que es necesaria una reforma estructural del sistema.

El REAF, en una encuesta realizada entre sus asociados, destaca como principales problemas del sistema tributario español, la tributación por módulos en el IRPF, la ineficiencia del gravamen de la riqueza —en concreto del IP—, el elevado coste del cumplimiento del IVA y el endurecimiento de las comprobaciones llevadas a cabo por la Agencia Tributaria (AEAT), tras la primera ola de la COVID-19.

Sobre el análisis y las propuestas de la AIReF, me remito a mis comentarios recogidos en este mismo blog, en el que asimismo, allá por marzo, al principio de esta pandemia, recordé los remedios clásicos —deuda pública, impuesto extraordinario sobre la riqueza y tesoro previo—, propuestos por la Hacienda Pública, combinándolos con los que, actualmente, se vienen aplicando en las economías occidentales —sobre todo financieros y monetarios—.

Las últimas aportaciones han venido de la mano del FMI por boca de sus máximos dirigentes, que han expuesto que, según sus criterios, tras solicitar a los países que gastaran tanto cuanto pudieran, ahora solicita, en primer lugar, que mantengan el gasto y que: «Los Gobiernos deben tomar medidas para mejorar el cumplimiento tributario, y evaluar la aplicación de impuestos más altos para los grupos más acaudalados y las empresas más rentables».

Aun reconociendo que una reforma de calado del sistema fiscal es necesaria, insiste en que es importante ofrecer ahora una guía sobre lo que va a ocurrir en el medio y largo plazo, anunciándose ahora las medidas.

Concluyendo…

En resumen y teniendo en cuenta la situación actual, que ha vuelto a empeorar los pronósticos sanitarios y socio-económicos, creo que es el momento de tomar en consideración los remedios que se vienen proponiendo e iniciar su puesta en práctica —porque, como ha expuesto el FMI, es sabido que muchas de estas ideas necesitarán cierto tiempo para implantarlas, por lo que no estaría de más empezar ya los procesos de aprobación, sobre todo en España, donde está pendiente desde  hace tiempo iniciar de una vez una reforma en profundidad del sistema fiscal—, para aplicarlos en cuanto pase lo peor de esta grave calamidad universal.

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